REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales
Vol.11,#10, Diciembre 2006
http://revista-redes.rediris.es

Inmigración y redes personales de apoyo

Verónica de Miguel Luken, Universidad de Málaga[1]

Reseña

Aparicio, R. y A. Tornos (2005). Las redes sociales de los inmigrantes extranjeros en España. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

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La teoría de las redes sociales, como base epistemológica que introduce un nuevo nivel de entendimiento de los fenómenos sociales, denominado por algunos autores como meso, entre la concepción más individualista en la que priman como elementos explicativos las características y circunstancias más adscritas a la persona (nivel micro), y otra concepción más contextual en la que se buscan factores condicionantes en un entorno más o menos vasto en el que esta persona se ubica en uno u otro sentido (nivel macro), se va asentando como perspectiva que, aún no siendo del todo novedosa, va no obstante evolucionando rápidamente gracias en gran parte a su avance paralelo a las herramientas estadísticas e informáticas que permiten su traducción analítica y su aplicabilidad en estudios empíricos. Así, el empuje experimentado en los últimos años por el análisis de redes en las ciencias en general y, más específicamente, en el análisis de redes sociales en aquellas ramas más humanísticas, ha actuado como incentivo del interés que despierta su incorporación a la investigación en facetas multidisciplinares.

Un eje temático alrededor del que se articulan un número cada día más elevado de trabajos es el de las redes sociales de apoyo. Redes definidas por relaciones de amistad, de intercambio de ayuda instrumental, de tipo afectivo, etcétera, redes en las que a menudo se hallan las vías necesarias para el acceso a diferentes recursos, activadas cuando se trata de encontrar un trabajo, de buscar una nueva vivienda, de obtener ayuda en cuestiones domésticas...

Estos tejidos sociales, cuya eficacia suele ser bastante generalizable, pueden resultar aun más dinámicos en el caso de colectivos concretos, para los que las posibilidades ofertadas desde los circuitos más institucionales son escasas. Uno de estos colectivos es el formado por la población inmigrante. Inmigrantes extranjeros o inmigrantes en el mismo país. Así, la noción de red se ha ido introduciendo en los textos sobre movilidad y población, fundamentalmente extranjera, aunque a veces de manera confusa. En ocasiones se habla de redes migratorias para hacer referencia a la idea más lineal de cadena migratoria, entendida como el conjunto de eslabones que, con un orden definido, han ido efectuando el desplazamiento migratorio y generalmente allanando el terreno en el que se acomodan los que les suceden. Además, en este sentido, se les otorga gran parte del protagonismo de la evolución de los flujos migratorios, arguyendo su fuerte influencia en la decisión de emigrar así como, más claramente todavía, en la elección del destino (algunos trabajos de Gurak y Caces, Portes, Massey, Boyd o Maya Jariego, entre otros, discuten esta cuestión).

Desde la perspectiva del proceso de integración de los inmigrantes en el destino vuelve a aparecer la noción de red, de redes sociales, o de redes sociales de apoyo. Tratándose en principio de una población extraña al entorno en el que se ubica, al menos en una fase inicial de su asentamiento, es también más susceptible de activar estos resortes personales hallados en su red social, de los que probablemente además resulte más dependiente que cualquier ciudadano autóctono de los suyos. Es normal, por tanto, que se observen con especial atención estas redes por su funcionalidad destacada en la adaptación al nuevo medio de actores en principio más vulnerables. En esta línea de investigación se situaría la obra que presentamos de Aparicio y Tornos.

A pesar de que en la literatura anglosajona existe cierta tradición en el empleo de conceptos como “capital social” a la hora de abordar diferentes problemáticas de la población inmigrante, y de que en la literatura en lengua castellana se encuentran cada día más aportaciones en este sentido (bien asociadas a la movilidad inter-latinoamericana, bien orientadas a los flujos Sur-Norteamérica, bien centradas en ciertas comunidades en algunos países), en España su incorporación ha sido hasta el momento bastante discreta. Los primeros trabajos, basados principalmente en estudios de metodología cualitativa que incluyen de forma más o menos vaga referencias a las redes familiares-sociales-migratorias y al capital social, aun sin utilizar de forma sistemática esta terminología, están relacionados con las migraciones internas en nuestro país. La demanda de producción científica más orientada a la movilidad desde el exterior hacia nuestras fronteras dirige en los últimos tiempos la aproximación en la investigación desde la teoría de redes sociales al análisis del papel de autóctonos y extranjeros en los escenarios sociales que se van modificando a una considerable velocidad en nuestro entorno.

Los primeros estudios de Maya Jariego, Martínez García y García Rodríguez abrieron camino en esta nueva manera de observar la realidad social, sobre una base empírica, cuando el resto de aportaciones se limitaban a proporcionar un enfoque teórico bastante tangencial. No pretendo en estas líneas hacer un recorrido exhaustivo por toda la bibliografía que enlaza inmigración y redes, pero sí que se hace necesario mencionar como ejemplos algunas tesis doctorales posteriores a estos trabajos, como la de Claudia Pedone (para el colectivo ecuatoriano), Papa Sow (para los senegambianos) o Miquel Àngel Alegre (sobre redes de amistad en escuelas con presencia de alumnado extranjero). El trabajo de Aparicio y Tornos, en este contexto de creciente interés pero relativa inexperiencia, se convierte en un referente obligado para quien esté interesado en profundizar sobre las redes de apoyo de los inmigrantes extranjeros en España. Una investigación prácticamente paralela en el tiempo y con un enfoque metodológico parecido la dirige Àngels Pascual, cuyos resultados, no obstante, están aun por ser publicados.

Para el estudio que precedió al libro que presentamos, se decidió entrevistar a cinco colectivos de entre la enorme variedad que compone la población extranjera en España, personas en concreto de nacionalidad china, ecuatoriana, marroquí, rumana y senegalesa, incorporando así un país de cada continente pero todos asociados claramente a la llamada inmigración económica. El proceso de selección se basó en el establecimiento de contacto en diferentes barrios y zonas, con denominador común una elevada presencia de extranjeros, en las ciudades de Madrid, Barcelona, Valencia y Lorca (Murcia), éste último municipio con fuerte componente rural debido al peso del sector agrícola en su economía y a pesar de su considerable tamaño. Finalmente, obtuvieron un total de 522 cuestionarios cumplimentados, alrededor de cien para cada origen analizado.

A pesar de que los autores insisten en el esfuerzo realizado para obtener una muestra que recogiera distintos espectros de la realidad de la población de estudio en cuestión de sexo, tiempo de permanencia, proyecto migratorio, situación legal y nivel académico, la falta de un marco muestral adecuado no facilitó finalmente la obtención de un conjunto de encuestas que permitiera unos posteriores cruces significativos combinando la información anterior. Es por ello que los datos que se aportan hacen referencia básicamente a los contrastes hallados según procedencia de la persona encuestada. Como es difícil valorar el sesgo introducido en una encuesta que no tiene carácter probabilístico, es aconsejable hacer una lectura de los resultados teniendo siempre presente en qué contextos socio-económicos se ha efectuado el trabajo de campo. Así, por ejemplo, el grupo de ecuatorianos y ecuatorianas entrevistados, divididos entre Madrid y Lorca, responderán en uno y otro lugar a perfiles bastante diferenciados. En el primer destino, predominan las personas dedicadas a la construcción y los servicios (entre ellos, el servicio doméstico y cuidado de ancianos y niños); en la segunda, las personas que participan de las labores agrícolas.

Dada la naturaleza de la investigación que presentan y su deseo manifiesto de no limitarse a un estudio de caso, optan por un acercamiento desde la perspectiva de redes personales. De esta manera, en su cuestionario introducen un generador de nombres para los familiares y amigos que ya residen en España antes de venir, para continuar indagando quiénes, entre ellos, han influido en su decisión de inmigrar a nuestro país y si en algo les han ayudado. El tipo de intercambio por el que se inquiere, por tanto, es de un solo sentido, el de soporte recibido. Destacan, de forma coincidente con lo obtenido en otros estudios (como el dirigido por Àngels Pascual, ya mencionado), el protagonismo general de los hermanos en las redes personales de apoyo de los inmigrantes, el peso destacado que los familiares adquieren en aquéllas de los ecuatorianos, la mayor incidencia de amigos en la de los marroquíes (ligado a la mayor masculinización de sus entramados sociales) o el protagonismo más notorio de los familiares menos próximos (tíos, primos) en la de los chinos.

Se pregunta tanto por los tipos de ayuda más instrumental, como la lograda en cuestión económica, de vivienda o de trabajo, como por el apoyo emocional recibido que, con fines analíticos, agrupan con el obtenido en información. No nos detenemos aquí en los detalles sobre los resultados que, en forma de frecuencias y gráficos fundamentalmente, se adjuntan en el libro, aunque sí queremos hacer una reflexión metodológica sobre los mismos, sobre todo por la importancia sobre su interpretación y por los múltiples matices que se desprenden de la aproximación adoptada en el empleo del análisis de redes sociales.

Comparando con otros estudios, los porcentajes que presentan sobre ayuda emitida desde los distintos vínculos familiares o afectivos existentes en el destino son visiblemente inferiores. Sin profundizar en ninguna comparativa, que no es el objeto de esta reseña, diremos no obstante que pensamos que responde no tanto a algún sesgo que afecta a unos u otros estudios, sino a la manera de abordar la cuestión. Así, es muy diferente pedir que se citen a los actores pertenecientes a la red personal para luego discernir quiénes han tenido una participación efectiva en determinadas facetas y quiénes no (caso de este trabajo) a preguntar directamente por los implicados en los intercambios de ayuda. En el primero, parecerá que la provisión de apoyo es inferior; en el segundo, el número de nodos en las redes se verá dramáticamente reducido, ya que se limita a las relaciones realmente activadas. Es interesante al respecto, y de cara al diseño de nuevas encuestas sobre la materia, consultar el trabajo de Van der Gaag y Snijders sobre la construcción de un indicador de capital social basado, no sólo en los vínculos probadamente efectivos (aquellos que indican que ya ha existido emisión de ayuda), sino también en la presencia latente de miembros de la red que, potencialmente, podrían brindar (o recibir, depende de la perspectiva empleada) este apoyo. Este acercamiento nos induce a conocer con quiénes puede contar la persona en un momento de necesidad, independientemente de si esta demanda llega o no a producirse.

Es evidente que una encuesta es limitada en cuanto a la cantidad de información que en ella es factible recoger y que, en pro de un mayor índice de participación por parte de la población a entrevistar, el cuestionario no se debe alargar en exceso, de manera que el equipo investigador que lo diseña debe priorizar algunos criterios sobre otros para ajustarse a las restricciones impuestas por el tiempo y el presupuesto. Sin embargo, en los generadores de nombres, que únicamente persiguen la mención de familiares y amigos, se echa en falta la inclusión de otros actores, con quienes el ego está unido por vínculos más débiles que le pueden haber sido vitales (siguiendo a Granovetter) a la hora de acceder a un puesto de trabajo o a información sobre el contexto receptor, por citar unos ejemplos. Es decir, los datos arrojados en la publicación no aportan elementos que conduzcan a valorar el papel de otras personas, ajenas a las redes institucionales pero importantes puntualmente como emisoras de ayuda (compañeros de trabajo, vecinos, paisanos, etcétera). Personas que, si no han sido calificadas como amigas por parte del encuestado o la encuestada, quedan excluidas de los escenarios dibujados en torno a los entramados sociales de apoyo estudiados, personas entre las que además es probable que se halle la proporción más elevada de autóctonos. El asunto se torna más complejo cuando la misma definición de amistad puede ser variable. Los mismos autores se preguntan en un momento dado si la forma de entenderla no estará condicionada por la nacionalidad, coincidiendo con los apuntes de otros expertos sobre la influencia de concepciones culturales en las interpretaciones sobre lazos familiares y amistosos.

Es interesante, en los resultados proporcionados en esta obra, detenerse en las frecuencias sobre el lugar en que se conocieron los amigos mencionados, así como en el ambiente específico dentro del contexto determinado (parque, iglesia, etcétera). Así, obtienen porcentajes que, aun oscilando significativamente según nacionalidades, indican para todos los colectivos la preponderancia de aquellos conocidos en España confiriendo, como señalan los propios investigadores, un dinamismo acusado en las redes de relación consideradas. Es lógico pensar (aunque no discuten explícitamente esta hipótesis) que el tiempo de residencia jugará a favor del aumento de la creación de nexos en el destino. Por otra parte, se aprecia las diferencias de protagonismo de los familiares en las cadenas migratorias. En el caso de los chinos, por ejemplo, la familia extensa juega en este sentido un papel esencial, sustituido a menudo entre los marroquíes por paisanos que ya eran amigos en el origen. De ahí que, por ejemplo, sean los primeros los que más amistades hayan entablado proporcionalmente en el destino en relación a los segundos, que de alguna manera ya las habían importado en buena medida.

La efectividad de la ayuda recibida también ocupa una parte del análisis presentado en la obra. La idea básica es conocer no únicamente quién ha ofrecido colaboración en la cuestión de la vivienda, por ejemplo, sino a través de quién se consiguió de hecho tal vivienda. En este terreno incluyen, como decíamos anteriormente, una batería de preguntas sobre las redes de tipo institucional, tanto públicas como privadas (oficinas de empleo, ONGs, agencias inmobiliarias, etcétera) que, coincidiendo además con lo expuesto en otros trabajos, no muestran una competencia comparable a la demostrada a través de la intervención de determinados nodos de las redes personales.

La distribución de los actores en el espacio se trata desde diferentes ángulos. Aparte de la ya mencionada sobre dónde se conocieron ego y alteri, se indaga asimismo sobre el lugar de residencia de los segundos en relación con el primero, llegando a conclusiones que no apuntan hacia una preocupante segregación a nivel de barrio (si bien los senegaleses constituyen la excepción, destacándose por la mayor concentración de familiares y amigos en este contexto). En contraste con esta visión más localista de las relaciones de convivencia, basada en la presencia en el destino de vínculos fuertes y en el trato más o menos amistoso que se mantiene con los vecinos, personas con quienes se coincide en el parque, etc., los autores buscan igualmente la dimensión transnacional, al proponer a las personas encuestadas que mencionen número y clase de conocidos que permanecen en el origen con los que continúan en contacto, así como la frecuencia de tal contacto, el modo de establecerlo o su evolución. Este fuerte carácter transnacional de las migraciones hoy en día propicia, según los autores, un mayor impacto de los procesos de movilidad en cadena. No obstante, para periodos con importantes limitaciones en la fluidez de las comunicaciones (emigración transoceánica desde Europa a América del Norte o Latinoamérica, emigración del Sur al Norte de Europa, migraciones inter-regionales en España) el efecto llamada y el uso de las redes personales en el diseño de las estrategias de movilidad han sido asimismo evidenciadas en otras investigaciones.

En esta parte cuantitativa del estudio habría sido interesante incorporar información de tipo reticular que hubiese ampliado la visión de estas redes personales, mediante el conocimiento de la estructura que une a los alteri entre ellos, información que no parece haber sido recogida en el cuestionario. Quizás de esta manera se habrían perfilado aun más las diferencias que ya se apuntan por nacionalidades, contrastando de forma empírica teorías tan conocidas como las de Burt sobre las distintas formas de apertura y de acceso a realidades no relacionadas que, en principio, multiplican las opciones de consecución de recursos. Habría sido interesante ver si esos amigos que cobran gran protagonismo en las redes marroquíes, por citar uno de sus colectivos, están vinculados entre ellos o tienden puentes a mundos diversos. Por otra parte, y aunque es probable que sea objeto de alguna otra aportación científica posterior de los autores, el lector puede quedarse momentáneamente con el deseo de que se hubiese profundizado más en los factores que, controlados entre sí, explican a través de modelos multivariantes algunos de los resultados hallados más significativos, en un intento de buscar una interpretación más completa de los fenómenos analizados.

Por último, dedicar unas palabras a la parte cualitativa del trabajo. Los grupos de discusión que realizan con representantes de los cuatro colectivos escogidos añaden interesantes matices a los resultados numéricos expuestos de forma más descriptiva. Surgen cuestiones, repetidas a veces en los discursos de unos y otras veces en los de otros, que también concuerdan con literatura precedente, como la de la desmesurada idealización del destino antes de la partida, el contraste de dependencia y desconfianza entre los mismos compatriotas, la importancia de la familia extensa, la segmentación laboral (sobre todo entre la población china), los prejuicios que manifiestan sentir por parte de los autóctonos o las distintas formas de concebir las relaciones familiares y de amistad con sus consecuentes implicaciones en las responsabilidades y obligaciones que se asimilan dentro de cada comunidad. En estas reuniones, curiosamente, apenas salen a relucir comentarios referentes a sus vínculos con nacionales españoles o de terceros países, viniendo a reforzar la idea de fuerte homofilia con respecto al origen en las redes personales de los inmigrantes extranjeros representados en la encuesta.

Este tipo de resultados, junto con algunos de los obtenidos en la parte cuantitativa, nos invitan a volver a las reflexiones de expertos como Portes, Sensenbrenner, Maya Jariego, Van Der Gaag, Snijders, Bates, que inciden en algunos de sus trabajos en los aspectos negativos derivados de la capacidad sancionadora ejercida a través de las prácticas de control de comunidades herméticas, de las privaciones de libertad que las normas vigentes en ellas pueden imponer dificultando el éxito de los proyectos individuales o de la excesiva dependencia del enclave étnico que frena la movilidad ascendente, proporcionando una visión más crítica que la de la mayoría de investigadores que fundamentalmente insisten en las amplias ventajas de contar en el lugar de asentamiento con conocidos que pueden facilitar en gran medida la primera fase de la integración de la persona recién llegada al nuevo contexto.

En definitiva, y como avanzábamos al comienzo, este estudio de Aparicio y Tornos se convertirá, si no lo ha logrado ya, en referencia básica para aquellas personas interesadas en estudiar la relación entre redes sociales de apoyo e inmigración. Realmente se trata de un acercamiento bastante pionero en España a la cuestión de la acomodación de la población extranjera basado en una metodología inspirada en el análisis de redes personales y asentada, sin duda, en las nociones más generales y teóricas de capital social. El mérito de tratarse de un trabajo empírico, que combina aproximaciones cualitativas y cuantitativas en entrevistas a una población en absoluto exenta de dificultades (por su localización, por los problemas idiomáticos, etcétera) la hace aun más valiosa y merecedora de la atención por parte de los investigadores afectados por los temas que constituyen sus ejes de estudio.

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[1] Enviar correspondencia a: vdmiguel@uma.es