REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales.
Vol.4,#2,
jun. 2003.
http://revista-redes.rediris.es

 

Valores, campos y capitales sociales

Carlos Lozares – Universitat Autónoma de Barcelona – Departamento de Sociología[1]

 

Estas reflexiones tienen en Bourdieu su referente más inmediato, pero no pretenden ser apología, crítica o exégesis de su pensamiento sobre los temas de valor, campo y capital sino una prolongación y, en alguna ocasión, una refocalización de algunas de sus ideas. Por ello me acerco y desarrollo, primero, su punto de vista para después presentar una concepción específica e incluso parcialmente diferenciada de la de Bourdieu. No se tratan aquí de manera directa aspectos o temáticas imprescindibles para el desarrollo de los valores, campos y capitales sociales como son la interacción y el hábito social. La primera, la interacción, está menos tratada por Bourdieu aunque la toma en consideración y el hábito social ha sido extensamente desarrollado por él. Sin estos dos soportes la reflexión sobre los valores, campos y capitales queda, por el lado de la interacción, coja de la dinámica que los generan y sostienen y, por el lado, de los hábitos sin las mediaciones que el sujeto social necesita y emplea tanto en la interacción como en estructurar (y estructurarse en) los campos de los valores y capitales establecidos o en promover los alternativos. No obstante pongo de manifiesto la necesidad de recurrir tanto a la interacción como a los hábitos.

 

1.Valor, Campo y Capital

Los objetos, la información, el lenguaje, los sujetos y, en general, los hechos y acontecimientos son susceptibles de poseer diversas identidades, entre otras la social. En realidad nada escapa a la pertinencia social dado que toda práctica humana, y sus resultados, sea productiva, de consumo, conversacional, conocimiento, cotidiana, institucional, etc., es un recurso para (o es o ha sido objeto de) una interacción social. Dada la naturaleza social genérica de toda práctica, hechos o acontecimientos, se trata de identificar y diferenciar las posibles clases de identidad social existentes o, al menos, las mínimas; en este caso dichas identidades conformarían las dimensiones básicas del infinito posible de todas pertinencias o identidades sociales. En este artículo no suponemos que lo social sea reducible a un número limitado de dimensiones elementales sino solamente aquella parte de lo social que proviene de (o ha pasado por) las diversas maneras de justificación, legitimación y apropiación por parte de algún poder o dominación que ha configurado unas estructuras, instituciones, ideologías, naturalizaciones o reificaciones sobre los resultados de dichas prácticas de interacción; por tanto, estas prácticas, sus interacciones correspondientes y sus resultados pueden ser interpretados, leídos, mediados y medidos por los códigos del poder y de su orden, etc. Son entonces prácticas que denomino reproductoras en el sentido de que no introducen realidades innovadoras socialmente hablando con relación a la estructura preexistente a la interacción. Del resto del espectro social, que no cae bajo el poder reductor de lo establecido, no supongo tal posibilidad reductora por ejemplo para todas prácticas o hechos que constituyen o provienen de interacciones no reproductivas y que originan emergencias sociales tanto a partir de la conciencia de negación (y/o distancia o enfrentamiento) de los sistemas y códigos impuestos como de los principios genéricos de solidaridad, creatividad, conciencia, libertad y autonomía.

Los Valores o Campos que trataré se refieren a dichas dimensiones básicas dominadas y codificables pero también a otros espacios sociales no reducibles a ellas. Empleo la palabra Valor para señalar que se trata de una identidad que proviene del (o es buscada como) resultado plusvaluado por la interacción y Campo para enfatizar la dinámica del proceso de la creación del Valor al considerar que la interacción se sitúa (y está inmersa) en espacios, tiempos y relaciones sociales predados que, a su vez, la misma interacción modifica, refuerza o niega por su propia dinámica. Hablo de Capital social en el sentido de que el Valor es apropiado por los individuos o grupos sociales de pertenencia o referencia; en este sentido el Capital social tiene el marchamo de un espacio social apropiado y por tanto reducible a dimensiones básicas. No hablaré de Capital para aquellos espacios sociales que no son reducibles a los Valores, Campos o Capitales básicos que describiré.

Los Valores son las identidades que, a partir de las (inter)acciones sociales, adquieren los hechos, acontecimientos o cosas sociales, evidentemente sin perder otras pertinencias no sociales: son el lado sustantivo de los recursos, procesos, resultados, deseos presentes o alcanzables en la interacción pues representan la plusvalía que ella genera. Por ello los Valores son también el objeto de apetencia que nos lleva a su apropiación en la interacción. Precisamente es en previsión de la apropiación de los Valores posibles que se desencadena y se dinamiza la interacción. La apropiación del Valores, plusvalía de toda interacción, es el Capital en las diversas formas que enunciaré. Por ello, los Campos, los Valores y los Capitales aunque provengan de una misma interacción expresan momentos, aspectos o connotaciones diferentes. El Campo es la dinámica en la que está inmersa la interacción y crea el Valor; el Valor es la plusvalía proveniente de la interacción; y el Capital es el Valor en cuanto apropiado por sujetos sociales. De alguna manera toda la dinámica social se estructura, se ordena, mide, codifica y domina bajo la forma de Capital social. Lo que supone también que los conceptos de Valor y Campo tienen

(i)                una versión reproductiva en cuanto representan una vertiente estática como estados sociales estables (en Estructuras, Instituciones, Ordenes, Códigos, etc.): identidades establecidas, producidas, estructuradas y acaparadas y
(ii)              una versión, su contra-cara, productora y transformadora. Son, al mismo tiempo, niveles de una identidad alcanzada y dinámicas de posible estructuración y/o desestructuración social..

Partimos de la existencia de cuatro Valores, Campos y Capitales (del lado reproductor) que forman base en y para el conjunto de las identidades sociales posibles y legitimadas: su combinación configura una realidad extensa de contenidos y entidades con cartas marcadas de naturaleza social. Significa que las interacciones que están al origen de dicha generación de Valores, los Campos que la dinamizan y los Capitales que la estructuran cubren el amplio abanico de todos los posibles sociales estructurados y ordenados. Serán desarrollados más adelante, por ahora sólo lo anuncio: Valores/Campo/Capital de Uso, de Cambio-Económico, de Signo-Cognitivo y Socio-Relacional. Afirmar que estos Valores, Campos y Capitales son fundamentales en tanto que base de otras identidades sociales es equivalente a afirmar que se dan cuatro tipos de interacciones fundamentales estructurantes del orden social de las que se componen y dependen todas las demás.

Además de los supuestos precedentes se mantiene también que el anclaje y consistencia de dichos Valores, Campos y Capitales, el orden y estructura que prescriben y el poder que sobre ellos mantienen y ejercen sus poseedores es tal que quedan pocas clarividencias por auscultar y mínimas fuerzas para cambiar la lógica que propician y la dominación que imperan. Quedan pocas oportunidades para otras construcciones de valor con sentidos alternativos: casi todo está dominado, las cosas, el equivalente económico de las mismas, sus identidades y conocimiento y hasta las mismas relaciones sociales. Ello supone que aseguran, al menos en la apariencia sobre todo en nuestras sociedades, un máximo de estabilidad, orden y poder y certidumbres. Los que manejan el sentido de las relaciones sociales que construimos, los que dominan los mercados, los que manipulan los sentidos, los códigos y los nombres de las cosas e identidades emergentes, han copado y reducido el posible surgimiento de nuevos significados, o al menos, tienen una capacidad considerable de reducirlos a los Capitales existentes. Pero, porque hay espacios posibles diferentes y no reducibles a los precedentes, porque no todo está codificado, ordenado y alienado, hablamos aquí también de Valores y Campos Alternativos. La fuerza y los triunfos de la solidaridad, de la creatividad, de la libertad y de la conciencia pueden romper la clausura de tal situación y la dinámica de la apropiación.

2. Valor, campo y capital en Bourdieu y Collins

Veamos las perspectivas, por lo demás bien conocidas, de Bourdieu y Collins en lo que se refiere a los Valores, Campos y Capitales, visión que sirve de referencia a los planteamientos que presento. No desarrollo la idea de valor de Marx aunque sea también inspiración de todo lo que aquí se trata ya que lo que subyace en esta propuesta es la de valor como plusvalía, como identidad generada en el proceso de interacción por los sujetos sociales y que, por ello, adquiere una pertenencia y pertinencia sociales.

2.1. La idea de Valor, Campo y Capital en Bourdieu.

La idea de Campo, Valor y Posición. Estática y dinámica. Para Bourdieu pensar en términos de campos es pensar relacionalmente. El modo de pensar relacional no es exclusivamente estructuralista; está presente, según Bourdieu, en pensamientos tan diferentes como los del formalista ruso Tynianov, del sicosociólogo Lewin, en Elias y en muchos otros como en los pioneros del estructuralismo y de la antropología, de lingüística, etc., Jakobson, Lévi-Strauss, Saussure.... La idea de Campo no es sólo la de unas configuraciones relacionales sino las identidades que generan y las dinámicas por las que se establecen dichas identidades. Cambio y Valor van parejos como conceptos en el sentido de que el Valor representa el contenido sustantivo creado por el Campo, es decir las identidades. El Valor se basa en las relaciones. La interacción social, que está a la base del origen de las relaciones, al mismo tiempo que se da en un Campo de Valores preexistente puede, a su vez generarlo, afianzarlo o destruirlo.

Un campo puede ser definido en términos analíticos como una red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones. Las posiciones que identifican y se imponen a sus ocupantes se definen,

(i)                por su situación actual o potencial en la estructura de la distribución de poderes (o capitales); su posesión conlleva beneficios específicos presentes en el campo;
(ii)              por sus relaciones objetivas con otras posiciones: dominación, subordinación, homología, u otras (Arsant,1990).

En las sociedades altamente diferenciadas, con microcosmos sociales relativamente autónomos, estos espacios de relaciones, los campos, tienen una lógica que no es reducible a los otros campos.[2]Puede parecer que las ideas de Bourdieu sobre el Campo y Valor son un tanto estáticas pues aparentan estar configuradas sobre posiciones y relaciones dentro de sistemas político, económico o cultural. Pero no se trata de sistemas de agregación, son sistemas de posiciones sociales de agentes políticos, económicos y culturales de dichos campos[3] pero con unas lógicas y dinámicas propias.

Cada Campo tiene sus reglas y sus particularidades específicas; es un espacio de juego cuyos límites son fronteras dinámicas y al mismo tiempo apuestas de concurrencia y competencia en el interior del mismo. El campo es lugar de relación de fuerzas -y no sólo de sentido- y de luchas que tienden a transformar el mismo contenido de los hechos que caen bajo el dominio del Campo. Las Posiciones sociales son inseparables metodológicamente de los Campos, si el Campo lo entendemos también como un sistema de prácticas (relaciones) y de expresiones de los agentes. Los dos aspectos, el de las Posiciones y el de los Campos de valores, tienen que ser analizados conjuntamente y tratados como si fueran dos caras de un mismo personaje. En situación de equilibrio y/o de orden, el sistema de Posiciones tiende a mandar sobre el Campo. Estas consideraciones presentes en Bourdieu se acercan más a la idea dinámica que para mí es esencial como constitutiva del Campo de los Valores, pues se generan y recrean en algo tan dinámico como la interacción social: se habla de reglas y lógicas internas pero también de autonomía, espacios de juego y de luchas, de competencia y concurrencia, equilibrios y desequilibrios entre e inter Campos y Posiciones[4].

Límites del Campo. Los límites de un Campo se determinan y se establecen según Bourdieu por la propia dinámica del campo; no hay una respuesta a priori. Los participantes de un campo trabajan en diferenciarse de sus rivales más próximos a fin de reducir la concurrencia y establecer el monopolio sobre un subsector particular del campo; trabajan también por excluir del campo una parte de los participantes actuales o potenciales por el derecho de entrada o imponiendo una definición de pertenencia. Por ejemplo, cuando decimos que X o Y no es un sociólogo o que no es un buen sociólogo lo afirmamos conforme a las exigencias inscritas en las reglas del campo correspondiente. Pero para Bourdieu el esfuerzo de imponer o hacer reconocer un determinado criterio de competencia y un lugar propio para el campo, (unos límites) puede no tener éxito, lo que hace ver que las barreras de los campos son flexibles y penetrables y, desde luego, no impuestas exclusivamente por normas o leyes, tácitas o explícitas. Los límites del campo se sitúan allí donde cesan los efectos del campo y ello es una cuestión de estudio en cada caso, (periódicos, universidades, etc.)

La dinámica de los Campos de Valores, el Capital. Según Bourdieu el principio dinámico de un campo se sitúa y proviene de la configuración particular de su estructura, de la distancia y de las separaciones entre las diferentes fuerzas específicas que se afrontan. Las fuerzas que son activas en el campo y que producen las diferencias más importantes son las que definen cada uno de los capitales específicos que supone cada campo. El Capital, que sólo existe en función de la relación que mantiene con el Campo, confiere un poder sobre el campo y sobre los instrumentos materializados en (o incorporados a) la producción o reproducción. La distribución del Capital constituye la estructura misma del campo; sus regularidades y sus reglas definen su funcionamiento ordinario y el beneficio que engendra. El Campo contiene y orienta las estrategias por las cuales los ocupantes de estas posiciones buscan, individual o colectivamente, salvaguardar o mejorar sus posiciones e imponer el principio de jerarquía más favorable a sus propios productos. O sea, las estrategias de los agentes dependen (i) de su posición en el campo, es decir, de la distribución de Capital específico; y (ii) de la percepción que ellos tienen del Campo...

Desde mi punto de vista en cualquier Campo, pero máxime en los que denomino de Uso, Cambio-Económico, Signo-Cognitivo y el Socio-Relacional los sujetos sociales luchan según determinadas reglas, propias o constitutivas de estos espacios, para apropiarse de los beneficios específicos que "están en juego". Los que dominan un Campo por la apropiación del Valor en forma de Capital pueden hacerlo funcionar en su ventaja aunque contarán quizás con la resistencia, la contestación y la reivindicación, políticas o no, de los dominados, e, incluso, en ciertas condiciones históricas, un campo puede funcionar como un aparato[5].

Siguiendo estas reflexiones que tienen su origen en Bourdieu se puede sintetizar la idea de Campo (y de Valor correspondiente) en lo siguiente: hay fuerzas en presencia; que están compuestas y que, a su vez, promueven estrategias de sujetos sociales en vista a la consecución de unos determinados beneficios; estas estrategias pueden provocar una correlación de fuerzas que origina conflictos según su posición en el Campo, según la distribución del Capital correspondiente en dichas posiciones y en función de las representaciones que los sujetos sociales tengan del campo y de sus correlaciones; el Campo es parcialmente asimilable en algunos de sus términos a un juego, (participación de actores, determinadas reglas y lógicas, aspectos dinámicos, etc.); la dinámica de los Campos conlleva el potencial de los cambios que pueden originar; los efectos del campo pueden ser duales, o hacia los aparatos o sistemas establecidos o hacia su transformación; y los Campos están presentes en lo que he denominado ámbitos, instituciones, etc.

Todo ello me afirma en la idea de que en el concepto de Campo de Bourdieu se involucran, aunque no lo abarque todo, tanto el proceso que lleva a la formación de los contextos estructurales y posiciones de los sujetos/actores como las situaciones de interacción que son las que generan, a su vez, dichas estructuras y posiciones. Quizás Bourdieu no explicite tanto los elementos contextuales, la idea de situación, proyecto, interacción y las lógicas duales pero el diseño está ahí. No se acerca a fenómenos micro como la situación y la interacción sino que contempla los fenómenos sociales bajo el prisma de las correlaciones de fuerzas, aparatos, sistemas, juegos de estrategias de actores desde una perspectiva muy global ya que su punto de partida central y su énfasis están en una aproximación básicamente estructural de la realidad social. Sin embargo, tiene en cuenta los fenómenos ineludibles de los procesos intencionales e interactivos, no los deja de lado aunque no sean el objeto directo de su análisis.

Estudio del campo y etapas de su desarrollo. Para Bourdieu hay tres momentos en el análisis del campo (Bourdieu,1971). En el primero, se relaciona la posición de los sujetos sociales con el poder en cualquier campo que se trate, por ejemplo el campo literario está incluido en el campo del poder (Bourdieu, 1983). En el segundo, se establece la estructura objetiva de las relaciones entre posiciones ocupadas por los agentes o las instituciones que entran en concurrencia en el campo. Y, en el tercero, se analiza los habitos de la gente, los diferentes sistemas de disposiciones que han adquirido a través de la interiorización de un tipo determinado de condiciones sociales y económicas y que encuentran, en una trayectoria definida en el interior del campo considerado, una ocasión más o menos favorable, de actualizarse.

Los espacios de las Posiciones objetivas (estatus apropiado de posesión de Capital) y la dinámica de la toma de Posición (o dinámica del Campo) se han de analizar conjuntamente como vengo afirmando. En situación de equilibrio el sistema de Posiciones tiende a mandar sobre el espacio de la toma de Posiciones. La posesión de una configuración particular de propiedades, por parte de un sujeto social, de un Capital específico (que supone siempre poder) le da ‘legítimo derecho’ a entrar en el Campo correspondiente. Un objetivo de la investigación es precisamente el de identificar estas características eficientes sabiendo que el proceso es circular: para construir el Campo se han de identificar las formas de Capital específico que sean eficientes y para construir estas formas de Capital específico se debe conocer la lógica específica del Campo.

La dualidad de los campos. Las determinaciones que ejercen por ejemplo las condiciones económicas y sociales sobre los agentes situados en un Campo dado, artístico, intelectual, político o industrial, no se ejercen directamente sino a través de la mediación de la apropiación de las reestructuraciones que se generan en el proceso y ello tanto más cuanto más autónomo sea el campo. Ello es debido a que las características de dichas reestructuraciones revisten una forma específica e irreductible en cada Campo. Por ejemplo en el campo intelectual los individuos se mueven bajo las fuerzas que lo definen. Por lo tanto, el verdadero objeto de una ciencia social según Bourdieu es el Campo, lo que acentúa su visión estructural pero también dinámica de la realidad social. Sin embargo no cae ni en la trampa constructivista ni en la determinista: los individuos no son para él ni puras ilusiones inexistentes ni tampoco partículas mecánicamente manejadas por fuerzas exteriores que, según su trayectoria y la posición que ocupan en el Campo y por su dotación de Capital en él, se abocan necesariamente hacia trayectorias de orden o de subversión.

La articulación de Campos. Es un hecho e idea plausible que los Campos se articulen entre sí sobre todo en nuestras sociedades occidentales. La elaboración de una teoría general de Campos sociales a partir de las propiedades, lógicas e historias específicas de cada Campo requeriría un análisis importante, genético y comparativo. Es una cuestión difícil puesto que no hay ley evidente de relaciones entre Campos; aunque parece evidente que el Campo económico es bastante dominante y determinante en última instancia, además las relaciones que mantienen los campos son variables y dependen del momento histórico, por ejemplo la relación entre el campo artístico y el económico no está definida una vez por todas, incluso en las tendencias generales de su evolución. Mi posición ya afirmada es que los campos enumerados y, que detallaré más adelante, son irreductibles entre sí lo que no quiere decir que no se compongan.

Las formas de Capital social. En Bourdieu el término de Capital no se reduce al económico. El concepto de Capital se extiende a toda energía susceptible de producir efectos sociales (Bourdieu, 1980:209) y de ser utilizada (conscientemente o no) como instrumento en la concurrencia social: por ejemplo el cuerpo puede ser un Capital y también lo son todas las propiedades que los agentes ponen en obra en sus interacciones. El conjunto de capitales constituye los espacios sociales. El espacio social, o lugar de las condiciones sociales, es donde actúan diversos Campos. Los espacios sociales están constituidos por (i) los agentes sociales que ocupan plazas jerarquizadas y que persiguen diferentes bienes escasos (capitales y legitimación); (ii) y por los conflictos que son inherentes a los diferentes campos de actividad que se desarrollan a partir de las posiciones y según las propiedades y modalidades de percepción y de acción según habitus diferenciados, (Arsant, 1990).

Bourdieu (1986) habla de Capital económico, cultural y social, además del simbólico. Evidentemente, guardan una homología con los que yo propongo puesto que en ellos me inspiro[6], además de en el primer Baudrillard: el Capital de Signo-cognitivo (capacidad de dar nombres, relacionar, hacer reversibles los conceptos, etc...) iría en la dirección del Capital cultural, aunque mi versión enfatiza más el lado cognitivo, por lo que también se acercaría al contenido que Bourdieu atribuye al Capital Simbólico; el Capital de Cambio sería equivalente al económico y el Socio-relacional al Capital social, aunque en mi visión se trata de un capital que es composición de los otros campos. Sin embargo no menciona lo que yo denomino Capital de Uso. (i)El concepto de Capital económico tiene en Bourdieu una acepción prioritaria que coincide con el tradicional concepto de capital económico, patrimonial o adquirido, que está al origen de la distribución social en clases. De todas formas gran parte de sus reflexiones las dedica al (ii) Capital cultural en particular bajo dos de sus configuraciones: el capital escolar y el cultural heredado y transmitido por la familia. Bourdieu diferencia de los dos primeros (iii) el Capital social definido esencialmente como el conjunto de relaciones sociales. El Capital social es la suma de recursos actuales o virtuales de un individuo o grupo por el hecho de la posesión de una red durable de relaciones, de conocimientos y reconocimientos mutuos más o menos institucionalizados, es decir, la suma de los capitales y de los poderes de una tal red para movilizarlos. Este capital toma formas diversas según el espacio social en el que se sitúe. El capital político puede ser una forma de capital social. En este sentido es equivalente a mi concepción de Capital social. (iv) El Capital simbólico es la forma en que una u otra de las especies de capital precedente reviste cuando son percibidas reconociendo su lógica específica por ejemplo de posesión y acumulación. Por tanto, no es un capital diferenciado. Los mecanismos de acceso al capital simbólico son la escuela y las ideologías, que son dimensiones y funciones de simulación y ocultación, como conjunto de representaciones deformadas de las relaciones sociales producidas por un grupo o una clase que legitima así explícitamente sus prácticas, Bourdieu(1992), Arsant(1990).

2.2. El campo social en Collins

Recordemos que es dentro de las teorías de las cadenas rituales que Collins trata la interacción (Collins, 1987). La idea fundamental es que en la interacción los sujetos sociales ponen en juego sus recursos para sacar el máximo provecho en el intercambio dentro de las situaciones sociales. Collins habla de estos recursos entre los que se encuentran: (i) la energía emocional como un sentimiento positivo de (y sobre) uno mismo en la situación; y (ii) el capital cultural como almacén de símbolos expresables especialmente con relación al reconocimiento, al prestigio, a la autoridad de los miembros del grupo y a las condiciones materiales de control. En el intercambio se aumenta la energía emocional y el capital cultural por medio de su utilización como recurso donde la conversación y el habla son los principales vehículos del intercambio.

Collins establece también una tipología mínima situacional: (i) la del trabajo/práctica son situaciones que implican el gasto de energía emocional y capital para establecer el lugar de uno en el grupo y su jerarquía de autoridad, la división de trabajo y sistema de ordenación; (ii) la ceremonial son situaciones que giran en torno al desarrollo de la energía conversacional a fin de emitir rituales apropiados que puedan aumentar la implicación de uno como miembro del grupo; (iii) y la social, son situaciones que utilizan recursos para incrementar el standing, promover la autoridad, el prestigio y para asegurar coaliciones favorables. Cuando los actores se sienten bien, esto es, cuando aumentan los niveles de energía emocional e incrementan su capital cultural afirmando su sentido de miembros del grupo, y quizás su posición favorable en él, entonces, probablemente, están dispuestos a llevar a cabo o a reparar encuentros conversacionales.

Los mecanismos de interacción giran, en Collins, en torno a la manera de cómo llevar a cabo, utilizar y determinar en las situaciones los recursos conversacionales requeridos o adecuados al objetivo de aumentar la energía emocional y el capital cultural. Si tales beneficios no se llevan a cabo la energía emocional puede aumentar inicialmente pero si los beneficios siguen sin lograrse la energía motivacional tiende a disminuir. En consecuencia los actores tratan de evitar tales situaciones. Si no es posible, el habla y la conversación serán superficiales, ritualizados con pocas inversiones de energía y capital. Inversamente si los beneficios son altos los niveles de energía y los deseos de usar recursos culturales aumentan lo que se traduce también en una animada conversación y habla ya que se da un sentido de pertenencia y solidaridad en y con los miembros del grupo. He aquí unas pautas o lógicas interaccionales y, en el fondo, una manera de modelarla a partir de la composición de dos valores, el emocional y el cultural

Con relación al modelo del intercambio introduce la satisfaccción de las necesidades de los miembros del grupo como última recompensa y reconoce el significado del habla/conversación en las relaciones de intercambio. También completa el modelo etnometodológico al clasificar las situaciones en tipos de recursos conversacionales (Turner, 1988).

3. Los Valores, Campos y Capitales sociales

Como se viene anunciado he reducido a cuatro los Campos, Valores o Capitales básicos estructurados, ordenados o establecidos por el poder, además de un quinto Valor o Campo alternativo/a en tanto que irreductible a los primeros. La distinción básica que establezco entre los cuatro valores, campos y capitales básicos (uso, cambio-económico, signo-cognitivo y social-relacional) y el quinto como valor y campo de los espacios sociales alternativos tiene que ver con la capacidad de las interacciones correspondientes de ser meramente reproductoras, para lo cuatro primeros, o productoras de la realidad social para el quinto; esto es, o de continuar reificando o generando realidad social y de consolidar y redundar en las estructuras realmente existentes o de producir identidades alternativas a las ya predeterminadas.

Evidentemente hay más identidades sociales que las de estos campos por ejemplo las de la educación, la política, los supermercados, la medicina, la religión, etc., además de las otras identidades que pueden ser atribuidas a cualquier objeto o acontecimiento; pero lo que se afirma aquí es que los cuatro valores, campos y capitales forman "base" en el sentido de que todas las pertinencias sociales que caen bajo el dominio de lo legitimado y apropiado son combinación de dichos campos fundamentales (o matriz germinal) de lo social estructurado.

3.1. Los Valores/Campos/Capitales establecidos y objetivados

Los valores, campos y capitales establecidos lo son porque poseen ya dueños y por tanto, en su lógica y dinámica, la interacción solamente sirve o para redundar en dicha apropiación o para cambiar de dueño. Por ello, porque se inscriben en el orden social existente y de él toman su "estática y dinámica" están reificados además de potencialmente codificables. Por ello también estos valores, campos y capitales configuran la identidad fundamental que poseen las cosas, las actividades, los agentes sociales, los proyectos y los soportes de las situaciones como plusvalías de la interacción social en el Valor, como dinámica en los Campos y como apropiación en el Capital. Cualquier otra identidad resultado de la interacción, que se instale en equilibrio estable y estructurado, se engrosaría en la colección de alguno de estos campos reproductores

Dichos campos son pues "improductivos" en el sentido de que son reproductivos, no porque no generen cosas, bienes o intercambios, lo hacen mucho y en abundancia, sino porque lo que producen es redundante y reiterativo socialmente hablando. Por ello son más susceptibles de naturalizarse (o están ya naturalizados) ya que su presencia es reproducible a partir de unos moldes incorporándose a nuestras vidas como lo más natural del mundo: están en el orden que nos rodea y van de sí ya que están ahí desde el inicio de nuestra socialización. No es que sean estáticos: nacen y se reproducen, actúan y se ejercen en la interacción, informan y conforman las situaciones y se refuerzan redundantemente sobre sí mismos.

En dichos Valores o Campos se dan agentes y proyectos que se corresponden y con ellos se identifican. Estos agentes se encuentran ‘a gusto’ en dichos dominios, bien en su piel, conocen su lógica y manejan o manipulan la interacción correspondiente. En realidad, estos agentes se perpetúan en dichos campos. Correspondientemente otros agentes y proyectos son, a su vez, dominados y subproductos de dichos campos; es una condición de su orden y estabilidad. El reino de estos capitales es el de su desigual distribución

Dentro de estos campos y en su propia lógica no hay garantías de regeneración y producción; dentro de su propia dinámica ni se puede generar su propia negación, ni su crítica radical, ni tampoco cualquier posibilidad alternativa o utópica: su sonido es el play back de lo ya sabido, apropiado y de lo desigualmente distribuido. Valor, Campo y Capital se autoreproducen redundantemente: el Capital crea su campo y sus valores que son medios e identidades para apropiarse del capital que reproducen. Así, campos y valores se consolidan de manera hegemónica en formas de capital.

En dichos Valores y Campos pueden definirse unos atributos intrínsecos al campo. Se trata de (i) una identidad social fundamental o valor propio fundamental: uso, cambio, signo y relacional social; (ii) un tipo de medición, una "métrica"; iii) una lógica propia de la interacción que actúa bajo el dominio del campo. Pero precisamente porque no todo está dominado hablaré también de Valores Alternativos que se mueven en una lógica irreductible a los precedentes sin posibilidad de composición con ellos.

El Valor, Campos y Capital de Uso.

El Valor de uso es la identidad social que poseen los objetos, símbolos, ideas, lenguaje, actividades, personas, grupos, etc. a partir de que (y porque) se intercambian para su uso y consumo en la interacción. Es pues un valor de utilidad lo que se enfatiza: sirven para algo y se agotan en su uso. Se trata de un valor cuya lógica y dinámica de apropiación están orientadas y marcadas en la interacción por la utilización de las cosas, de actividades etc., por ejemplo sirven para comer, sentarse, estudiar, pintar, conducir... La identidad de una acción o actividad, de un agente, proyecto, instancias y, por consiguiente, de la situación le viene del hecho de que dicha actividad se articula como instrumento para un fin en vista a su consumación, utilización, manipulación, esto es; para la pérdida o desvalorización de su identidad denotativa inicial. Este valor es equivalente al valor de uso marxista: es el caso del valor y capital apropiado por el capitalismo del uso colectivo de la fuerza de trabajo. Es el homo faber su correspondiente y genérico sujeto social.

La identidad, por tanto, de una acción o actividad, de un sujeto o sus proyectos y, por consiguiente, de la misma situación, le viene, bajo la dinámica de este campo, del hecho de que dicha actividad, etc., tiene un objetivo ‘en sí’, una denotación primera y original dada por su función. Este valor e identidad está presente en toda interacción pues se manipulan objetos, palabras, ideas, dinero, etc. Su lógica y dinámica de apropiación están orientadas y marcadas por la necesidad de utilidad. Por ello el beneficio real o simbólico conseguible en la (inter)acción es su uso. El caso más paradigmático es el del consumo de los objetos o bienes en el sentido de que la identidad funcional de uso desaparece por su consumación, lo que no quiere decir que al mismo tiempo no se generen otros valores diferentes al de uso.

Dominará la situación de interacción, y el conjunto encadenado de las situaciones, como también sus resultados quien domine el acaparamiento y utilización de bienes (por ejemplo los de subsistencia y otros) en sus manifestaciones más elementales y corpóreas como los objetos, otros menos tangibles como la energía, información, espacio, tiempo y relaciones. Si además se apropia de su valor de cambio y se tiene la clave de su sentido y el control de su identidad manejándolos como símbolos cognitivos y relacionales, (lo que corresponde a los otros valores) el "poderío" rizará el rizo y difícilmente saldremos con vida social creadora si entramos en una interacción tan ricamente dominada.

El valor, campo y capital de cambio económico

El Valor de Cambio es la identidad que cosas, agentes lenguaje, etc. adquieren por provenir o ser objeto de una interacción mercantil. Su lógica y dinámica es la del mercado. Es evidentemente relacional porque es fruto de interacciones y transacciones de sujetos sociales. El homo economicus y el Capital económico son su correlato. La idea de Valor de Cambio tiene una connotación marxista clara.

Este valor no tendría sentido si no se diera o asentase en el valor de uso precedente; necesita soportarse en él y usarlo para su propia identidad. Los proyectos iniciales y en proceso, las estrategias y los resultados, los hechos/actos también adquieren, como efecto de la interacción, la identidad propia al valor de cambio económico. El beneficio poseído se inscribe redundantemente en los contextos estructurales de origen como recurso para las siguientes interacciones. El beneficio simbólico y crematístico perseguido y conseguible, es decir, la posesión de capital monetario, es la identidad que dará carta de naturaleza a las prácticas que entren en su dominio, que, como sabemos, son innumerables. Se trata de un Campo cuya lógica y dinámica de apropiación están orientadas y marcadas por el contexto del mercado. De hecho la idea es la misma a la expresada en al valor de cambio marxista e idénticos los mecanismos de su generación y apropiación.

La identidad de la actividad, del agente, del proyecto, estrategias, etc., y, por consiguiente, de la situación le viene del hecho de que se articula como instrumento para alcanzar una plusvalía económica que se le añade y que es su valor. La articulación, y por consiguiente la lógica de la (re)producción es lineal y acumulativa. El modelo es el del intercambio mercantil y la (re)producción capitalista. El incremento de sentido solamente es cuantitativo igualando todas las identidades a una, homogeneizando la gran variedad de identidades que la rodean y circunscriben y midiéndolas por la misma magnitud y unidad.

Dominará la situación quien haya acumulado más identidades en dicha dirección, objetos, relaciones, información, etc. y quien, además, posea la clave tanto de la comprensión y dominio de su lógica y mecanismos como la capacidad de crear y vender representaciones o elaboraciones de estados mentales que llenen la angustia que produce la desposesión de dicha acumulación o el no alcanzar un proyecto en dicha dirección.

Toda actividad, o mejor interacción, que se realice en este campo dentro de su lógica y dinámica no tendrá posibilidades productoras en el sentido que vengo dando a dicha expresión. La inestabilidad se dará o el desequilibrio se introducirá, y con ello su capacidad productiva, si se dan en el proyecto otras condiciones que las propias de este valor de cambio. No es cuestión de entrar en amplitud y profundidad en lo que este valor ocupa y representa en la vida social dada su manifiestamente dominante historia, la extensión de su propagación y la intensidad de su penetración. El trabajo mercantilizado ha configurado no sólo las identidades individuales sino también las colectivas, categorías sociales y grupos y la misma organización de la sociedad. El consumo no es desligable de este valor aunque, evidentemente, participe de otros. El consumo a través de la relación que mantiene con la producción es otro elemento de identificación social importante en nuestra sociedad. La modelación y lógica implícitas en este modelo son lineales y de maximación de las utilidades

El valor, campo y capital signo-cognitivo

El Valor de Signo-Cognitivo es un valor que proviene del hecho de que toda interacción constituye un ligamento que vincula y relaciona (i)de una forma paradigmática los elementos que en ella intervienen (cosas, objetos, individuos, sujetos sociales, beneficios, ideas, conceptos, etc.) que tienen funciones diversas dentro de la misma interacción, (acción, sujetos, medios, recurso, proyectos, etc.); (ii)de una forma sintagmática, situaciones y contenidos con otras situaciones dentro de una sucesión tanto temporal como simultánea, (iii) y la capacidad interpretativa pragmática de los sujetos actuantes y otros en función de las situaciones, contextos, prácticas de interacción más amplias y /o secuenciales, etc.. De esta manera se configura una red relacional entre cosas, acontecimientos, personas, grupos, relatos, etc. y también con otras interacciones junto con la capacidad representativa e interpretativa de los sujetos. La identidad que se crea no es solamente una identidad específica sino la de una red donde cada elemento y cada interacción, en tanto que signo real (más complejo que el puramente conceptual) e interpretado, tiene un Valor-Signo cognitivo según el ‘lugar’ que ocupa en dicha red y por la capacidad interpretativo-pragmática de los sujetos intervinientes. No es un valor objetual en el sentido del Valor de Uso o abstracto-real como el de Cambio sino un Valor de constelación reticular y pragmático sólo cognitivamente aprehensible y manipulable. Los que dominan la red (poder cognitivo) en su conjunto, tienen más recursos para apropiarse de los beneficios cognitivos que provengan de dicho tipo de interacción; es el poder de dar y atribuir identidades y de manipularlas. Por tanto no sólo se da una acaparación de valores, en forma de capitales de uso y de cambio sino también de capitales cognitivos, simbólicos y culturales en cuanto que se ‘ocupa’ una posición privilegiada dentro de una constelación reticular cognitiva. Por esta posibilidad conectiva los sujetos sociales se apropian de (e identifican con) un conjunto reticular con fuentes paradigmáticas, sintagmáticas y pragmáticas de sentido e interpretación lo que les sitúa, según su suposición, con una capacidad interpretativa distribuida y diferenciada en su poder de atribuir, manipular y apropiarse de identidades.

En la (inter)acción no sólo se da una relación entre sus elementos sino con otras interacciones que es lo que le da el carácter más sintagmático y pragmático. Por ejemplo una situación de compra en una tienda localizada en una determinada calle o plaza adquiere también su valor signo o identidad por el tipo de gente que la frecuenta e interactúa en ella, el resto de los comercios, su localización en la ciudad, etc., es decir, por el contexto espacio-temporal y no sólo por el nombre de la tienda o el producto que se compra. La marca comprada, como signo diferencial de identidad, es también el resultado de cómo una interacción de venta se inserta en las diversas interacciones contextuales. El contexto interviene en su identificación; el valor o identidad es adquirido por la vinculación en dicha totalidad reticular de situaciones de interacción. Dicho acto de compra adquiere un valor añadido porque se establece una relación, evidentemente social, entre todas las situaciones en las que se realizan actos de compra de prendas, además de otras: este valor se superpone, (no se trata de una suma), aunque sea cualitativamente diferente, a los de uso y de cambio.

Dado que las interacciones están vinculadas unas a otras y que dentro de una misma interacción se ponen en juego muchos elementos y sujetos, la plusvalía adquirida, su identidad, proviene de (y es precisamente y pertenece a) dicho tejido reticular. Esta identidad no está prefijada ni es unidireccional, comprendida como una dirección predeterminada que va de un significante a un significado, sino que, bajo una capa contextual de otras interacciones, se puede encontrar un sentido que puede cambiar bajo otra capa contextual más amplia (otra interacción que engloba la primera) o puede ser que el sentido se haga reversible haciendo que lo que era significante pase a ser significado. La reversibilidad, la no dirección, la contextualización etc., son el resultado de reglas transgredibles y transgredidas por la capacidad interpretativa y realización cognitiva que poseemos los sujetos sociales en situación pragmática. La articulación que crea esta capacidad cognitiva, (perceptiva, representación, memoria, raciocinio, etc.) e interpretativa, basada en la naturaleza contextual, simultánea y superpuesta a otras de las interacciones, es múltiple, coaxial, conexa, paralela, multidireccional, reversible y retroactiva, cualidades todas ellas vinculadas al conocimiento humano, que no sólo es lineal y secuencial. Hablaría aquí de un modelo neuronal como formalización de dicho tipo de Valor, Campo y Capital.

La dominación de ese conjunto permite al sujeto dominador "utilizar" esta amplia red y sus propiedades relacionales, para, entre otras, crear por ejemplo relaciones de equivalencia de tal manera que el sujeto maneje las categorías y las relaciones entre significante y significado a su arbitrio, siempre en las condiciones de la situación : esta identidad procura el poder de dominar los códigos y crear las identidades y los nombres atribuidos a las cosas. Esta relación no se reduce únicamente, aunque también, a la necesaria información previa y elemental que el sujeto tiene o se procura de cualquier situación de interacción en la que interviene sino de la información y manipulación de la relación que se crea en las (y entre) interacciones, y, por tanto, entre identidades, en el mismo proceso de la interacción. El valor asociado o añadido a este tipo de interacción es cognitivo, esto es, la identidad y nombre que atribuimos a personas, animales, cosas y acontecimientos y que proviene de ser objeto de nuestra comunicación e interacción y por tanto de situarse en una constelación reticular con respecto otras interacciones y sus resultados. Se trata de un valor básicamente conexionista de naturaleza cognitiva/cultural. El capital cultural y el Homo sapiens/cognitivo no están lejos.

Los proyectos iniciales y en proceso, las estrategias y los resultados adquieren también por efecto de la interacción un valor de Signo-Cognitivo. Se trata de un valor que, movilizando la interacción y siendo a su vez su resultado, su apropiación, asegura al sujeto social un capital para establecer, validar y/o justificar el conocimiento, la identificación, la nominación, la interpretación, el significado o sentido de los hechos, cosas, personas, etc.: es decir, la posibilidad de escribir o decir o indicar nombres, historias, la posibilidad de encontrar e imponer los códigos para la comprensión, explicación o acaparamiento de una realidad social ahora informada y comunicada. Los bienes generados son cognitivos: contenidos informativos, redes y códigos de reconocimiento, clasificación y aprendizaje y redes de estados mentales e intencionales. El lenguaje es el primer ‘campo de batalla’.

Esta identidad no consiste sólo en un producto de conocimiento abstracto o genérico sino también concreto; no sólo de un conocimiento sobre los hechos sino también personalizado; no es individual sino necesariamente proveniente de una interacción que pugna, colaborativamente o en competición, por apropiarse y dar ‘nombres a la realidad’, es decir es colectiva; no se trata sólo del conocimiento científico sino también del conocimiento de la vida cotidiana, pragmático y complejo; no se trata sólo del nombre o definición lexical de las cosas, actividades, etc. sino también de un conocimiento ligado y vinculado a la situación y a la interacción que lo genera: re-nombrar nombres previamente dados, nombrar lo no-nombrado o no-nombrable pero aceptado e incluso des-nombrar lo nombrado. Esta capacidad y recurso de nominación o re-de-nominación de la identidad social es un objeto de apetencia por los sujetos sociales, en y a partir de la interacción, sobre todo en nuestra sociedad informativa, "informada" e informatizada (o de la información y del conocimiento). Dar y poseer el nombre es apropiarse del objeto del conocimiento, de la interpretación y del sentido de la acción. De alguna manera el valor Signo se diferencia de los precedentes porque, además de las relaciones creadas y apropiadas por el puro hecho de interactuar, es decir, del valor de uso, además del valor de cambio expresado en el precio y su correspondiente posesión, además de todo ello, la realidad social, adquiere, tiene nombre y nombres por efecto mismo de la interacción comunicativa.

La identidad que promueve este valor es relacional, como todas las precedentes, pero ahora relativa y contextualizada por otras situaciones interactivas. El contenido reticular es de naturaleza variable según el contexto situacional. Manejar los códigos de estos contextos, utilizarlos para la interacción presente es el objetivo del beneficio apetecible para esta interacción. Es evidente que dicho valor puede tomar como objeto, en su interacción correspondiente, los capitales provenientes de los valores precedentes, uso y cambio, y hasta a sí mismo como objeto, es decir, el Capital de Signo-Cognitivo como objeto de su propia interacción. En esto radica también el poder cognitivo. La arbitrariedad del signo es absoluta y multifacética en función de la pragmática situacional. Es pues la flexibilidad y reflejo total de las identidades.

Todos los valores de los que hemos hablado son sociales, es decir, son añadidos sociales producidos en una (inter)acción. Todos ellos son tangibles pues "se soportan" sobre realidades objetuales que son, a su vez, valores ‘previos’ para esta interacción cognitiva. De alguna manera se podría hablar de este valor cognitivo como de un valor de segundo orden si pensamos en el valor de uso como un valor de grado cero al ser destinado a su propio consumación y en el valor de cambio como de primer orden dada la correspondencia lineal de sus utilidades marginales con los espacios métricos, además de tomar el valor de uso como su materia primaria o significante para crear una nueva relación social. El valor de signo cognitivo en tanto que valor de segundo orden proviene de que toma los contenidos de los dos precedentes y sus lógicas inherentes como objeto significante para establecer su propio significado: no sólo articula situaciones de interacción sino que los contenidos de dichas situaciones (los otros valores) son los medios para la interacción que genera este valor. Su carácter es más reticular que lineal, más flexible o reversible que fijo y unidireccional. El reflejo o reversibilidad de los Significantes con relación a los Significados y la conexión lateral y paralela en las articulaciones que se producen en las interacciones son la lógica y la dinámica de su proceso, contrariamente a los dos primeros en que sus lógicas eran más bien acumulativas, progresivas, direccionales y lineales.

El análisis de la lógica y dinámica de este campo social es básico: se trata ni más ni menos que el de la (re)producción social del conocimiento en situación (social). Quien posea la capacidad de manejar las matrices contextuales y relacionales en las que las cosas, acontecimientos, actividades adquieren la identidad pertinente a la situación, quien posea los códigos de interpretación social de las situaciones pragmáticas y por consiguiente la apropiación y control más sutil de las identidades, podrá ejercer, por desgracia, la violencia simbólica más perversa y violenta. Consiste en cambiar las "conexiones" reticulares de las situaciones e imprimir identidades variables a las actividades, realizado además no sólo en los niveles intelectuales sino en las cotidianidades más triviales.

La identidad de una actividad puede provenir por ejemplo del lugar físico en que se encuentra en un momento y cambiar, preservando el mismo lugar, porque al transcurrir el tiempo otras interacciones o situaciones han lugar y su conexión contextual es diferente: la identidad del resultado de la interacción cambia no porque lo haga su parte "sustantiva" sino porque se contextualiza diferentemente. Manejar esta interpretación, el conocimiento, la información, la comprensión, la explicación y la validación legitimada consiste en apropiarse del valor signo, es tener la capacidad de bautizar la realidad. El resultado es el de conservar, cambiar, anular la identidad de las cosas, hechos, acontecimientos, comportamientos, sujetos según los contextos interactivos y según las diferentes cadenas de conexiones y/o articulaciones. Una práctica de interacción, por ejemplo, comer con colegas importantes es al mismo tiempo (i) un valor de uso; (ii) un valor de cambio pues dicha comida puede identificarse como parte de nuestras obligaciones contractuales al ser una comida de trabajo y porque además éstas pueden, en determinados países, ser deducibles de los impuestos, (se ha visto a profesores dignísimos haciendo colección de "cuentas" de restaurantes como justificantes, no sólo de dietas sino para la declaración de renta); y además la comida tiene un precio; (iii) un valor signo cognitivo porque sobre la base de los valores precedentes se añade el hecho de que el lugar es de comidas importantes donde puede ser visto y saludado, invitar y ser invitado, etc.; es decir está inmerso en otras interacciones.

Bajo este Campo se puede dar una violación de la dirección irreversible que se establece entre Significante y Significado. De ahí su capacidad para los engaños conceptuales dando gato por liebre y para la seducción de las apariencias. La manipulación es mayor pues significa mayor capacidad de codificar y decodificar y hacer reversibles la articulación del signo. La Estructura Significante y de Significado pueden ser reversibles pudiendo ser esta reversibilidad la que esté al origen de su plusvalía social. La identidad no es necesariamente una articulación en la misma dirección, es una relación de conexión y reversibilidad y por consiguiente de equivalencia entre términos que pueden jugar idénticas funciones, significados como significantes y al revés. Hasta puede haber apariencia de creación de identidades pues lo nuevo puede ser lo anterior bajo apariencia diferente. Implica una mejor y más sutil manipulación de los códigos para imponer las leyes de la reversibilidad.

El beneficio simbólico al que va orientada la estrategia interactiva es hacia la dominación de los sentidos y de los proyectos ajenos, o la perpetuación de los propios. Dominará la situación quien domine materialmente (producción y posesión) los mecanismos informativos y cognitivos poseyendo los códigos de interpretación y las pilas bautismales que dan los nombres variables a las cosas. La (re)producción tiene un sentido y una dirección, además de asumir los precedentes, multidireccional, paralela, retroactiva y sinérgica.

El Valor, Campo o Capital Social-Relacional

El Valor, Campo y Capital socio-relacional se constituye también a partir de las prácticas de interacción pero en este caso a partir de las interacciones que se dan para producir los valores descritos, sin reducirse a ellos (no son prácticas objetivamente diferentes aunque sí con sentido diferente), ya que el beneficio pretendido, y apropiado en su caso, no consiste en los capitales correspondientes a dichos valores sino en la constitución, identificación, inserción/integración (o no) y la apropiación social del beneficio de las interacciones en forma de Capital socio-relacional. La presencia imprescindible de otros valores en la interacción no anula la identidad específica de este nuevo Valor socio-relacional y en su caso del Capital correspondiente. Este Capital, Valor o Campo no es una composición (o combinación, lineal o no) de los precedentes. Es específicamente diferente aunque respete en su parte objetiva las lógicas anteriores. Se trata, como Valor, de un beneficio de la interacción (y como hecho o resultado apropiado de un Capital) en el sentido de que su identidad (y apropiación) genera e identifica el Nosotros y los Otros y sitúa y define a los sujetos interactuantes como sociales en algunos de los dominios del Nosotros y/o de los Otros a partir de la utilización y/o apropiación/desapropiación de los otros valores, (objetos, dinero o conocimiento): éste es el beneficio simbólico-real de tal interacción. Su apropiación es el Capital social de los individuos o grupos. Es un valor imprescindible porque constituye y define los agentes/actores sociales y porque está presente y es resultado de los otros valores. De hecho genera y constituye el Capital socio-relacional, Capital de base en la conformación de los hechos y estructuras sociales. Cerca de él camina la idea del Homo sociologicus.

Este Valor configura la identidad fundamental de todo sujeto social a partir de uno de los frutos de la interacción como es el generar o hacernos participar en una red relacional a partir de las interacciones que suceden en diversos grados de socialidad, incluso constituye la socialidad. En este sentido identifica socialmente a cualquier interacción o a cualquiera de sus resultados. Precisamente el valor buscado por la interacción es el de identificarnos como entidades sociales en el Nosotros o en los Otros a partir de dos tipos interacciones básicas como son la de cooperación y la de conflicto. En un Valor socio-relacional porque crea las relaciones sociales pero también se genera en ellas.

Este valor y su interacción correspondiente aseguran básicamente la pertenencia de un sujeto social a un grupo haciéndolo diferente de la clase de pertenencia de otros individuos a otros grupos: establece el Nosotros (que puede reducirse o ir desde el Ego hasta la totalidad de la generalidad de la humanidad, incluido el Ego) frente a los Otros (que puede tener como límite desde todos los demás diferentes del Ego, es decir, todo el género humano). La variabilidad entre dichas fronteras marca uno de los aspectos fundamentales del poder reproductivo de la interacción ligada a este valor. Este valor llena unas "necesidades" más o menos conscientes: la de sentirnos relacionados, vinculados a un grupo, al que damos o del que recibimos identidad social a fin de satisfacer la confianza, seguridad y autoestima dentro del grupo (Nosotros) cara a otros (Otros); la necesidad de definir los Otros y de intercambiar o entrar en conflicto con ellos. Esta es la orientación básica de satisfacción buscada cuya presencia o carencia moviliza la interacción social. Se trata de desarrollar una energía social en vistas a evitar la angustia de su carencia y de promover la satisfacción de la pertenencia a un grupo. Se ha de manifestar en resultados concretos, en formas de gratificación simbólicas o materiales fácticas. A partir de este valor se constituye el sujeto social del Nosotros por las relaciones de cooperación y solidaridad y el Otro con que mantendremos relaciones de intercambio (o quizás de competitividad).

El beneficio que el sujeto extrae de esta interacción y por tanto toda la lógica y dinámica de la percepción/ representación, de la dimensión ética y de la apropiación, van encaminadas, orientadas y marcadas, por la necesidad de subsistencia e identidad social. Es decir, sin este Valor, Campo o Capital no tendríamos identidad y definición sociales, no surgiría, ni se alimentaría, y moriría, nuestra personalidad social además de que sin él no estaría nuestra personalidad compuesta o recompuesta de todos los abalorios o consumos sociales que la identifican. Por este valor el individuo pasa a ser genéricamente sujeto social y específicamente actor o agente social. El beneficio simbólico conseguible por la (inter)acción es un lugar, posición, estatus, etc. sociales en la estructura, en los recursos, en los bienes y en la cognición social. Las cosas manejadas en la interacción, las actividades, los espacios y los tiempos están impregnados y buscados como soportes o signos de esta identidad primigeniamente social.

Este Valor es el constitutivo de la vida social pues la única connotación que conlleva es precisamente el de ser relacional. Los otros valores son específicos de unas prácticas determinadas que les dan un carácter homogéneo dentro de sus campos de Uso, Cambio y Signo-Cognitivo. No quiero decir que dichos valores no sean parte de la vida social pero lo son, además, en la medida que son componentes de este valor relacional y pueden intervenir en el fluir de las secuencias de la existencia articulada.

Dominará la situación impregnada por este Valor o el conjunto encadenado de las situaciones, quien domine la centralidad o jerarquía de las redes sociales porque trasmitirá su propia identidad social al conjunto de todos los actores participantes en ellas. El dominio y la apropiación de este Valor provendrán de la acaparación de las redes sociales, es decir el derecho más elemental a la subsistencia social como es el de manifestarse en tanto que ser social. Este dominio puede darse de muchas maneras desde las más objetuales - se domina la materia, energía, información, espacio, tiempo vinculados a las redes- hasta más específicamente reticulares- se está en el centro de la red. En los otros valores la dominación se dará por la dominación relacional vinculada a las lógicas del mercado - cosas y personas- y por la dominación de la capacidad de identificar las relaciones creadas por el valor signo: la de poner nombre a las cosas a partir de la comunicación y la reflexión.

Mi punto de vista es que en la identificación de este valor, en su necesidad como subsistencia social, (seguridad, vencimiento de las frustraciones, etc.), en las motivaciones que lo rodean, en la misma dinámica de su transcurso, en la implicación del individuo y de la intersubjetividad, etc., han intervenido con más dedicación y propiedad las teorías fenomenológicas, interaccionistas y existenciales y fuera de dichos paradigmas, bastantes colaterales entre sí, la teoría de redes sociales. Evidentemente las primeras con los riesgos de subjetivismo y la posible ausencia de objetivación y la segunda con los de una exclusiva tendencia cuantificadora .

A partir de este valor se originan muchos campos específicos de relaciones sociales. Por ejemplo: (i) Las relaciones territoriales: defensa y conquista de la geografía, de las relaciones, de los recursos territoriales como el espacio, la posición geopolítica, las riquezas naturales, humanas, técnicas, culturales, económicas y potencia militar. Las colectividades correspondientes son las hordas, tribus, clanes, ciudades, pueblos, naciones, imperios; (ii) El campo de las relaciones de clase o de dominación, (Estructura social o Estructuras contextuales formales): edad, región, lengua, clan, etnia, religión, opinión filosófica, étnica, clase socio-política, medio de trabajo, habitat; grupos de presión: actores colectivos más o menos estructurados, de influencia desigual que expresan o defienden sus intereses parcialmente, es decir, en parte son complementarios y en parte opuestos. (iii) Las relaciones institucionales (Ámbitos o Estructuras contextuales sustantivas) como conjunto de relaciones institucionales: conjunto de relaciones cuyo objeto consiste en la gestión de las relaciones entre la defensa de los intereses y el respeto de los compromisos entre grupos de presión. (iv) El campo de las relaciones organizativas (Ámbitos o Estructuras contextuales sustantivas): es el marco intersocial, (de clase, institucional y político) donde toda colectividad humana organiza su vida cotidiana, es decir, pone en situación múltiples organizaciones que permiten reproducir, socializar sus miembros, producir e intercambiar bienes y servicios, defenderse y atacar, movilizar sus actores colectivos, informarse , innovar, administrar su territorio y sus recursos. (v) El campo de las relaciones políticas. El poder es la capacidad de una fuerza política de apropiarse de las prerrogativas del estado (legislar, juzgar, reprimir y gobernar) en las relaciones con otras fuerzas políticas.

Las relaciones sociales están articuladas porque están significativamente orientadas por uno o por varios modelos culturales o principios de legitimidad y porque están estructuradas en campos relacionales. Las finalidades de estos campos relacionales específicos están estructuradas sobre dos ejes, o dos tensiones a gestionar: (i) Una tensión propia al campo considerado o gestionar la relación entre la conquista y la defensa, (relaciones intersociales); entre los recursos humanos y recursos materiales, (relación de clase o dominación); entre la defensa de intereses y la garantía de los compromisos, (relaciones institucional o de influencia); entre la competición de las fuerzas políticas y el control de los aparatos del estado, (relaciones políticas o de poder); entre la integración interna y externa de las organizaciones, (relaciones organizativas o de autoridad). (ii) La segunda tensión es común a todos los campos relacionales: los actores deben a la vez gestionar la adaptación de su campo a su entorno y la transformación de este, Bajoit(1992).

La articulación de valores/campos y capitales

A lo largo de lo expuesto se han ido desgranando aspectos sobre la articulación de dichos valores en los resultados de la interacción. La articulación es imprescindible (i) porque nunca un hecho, fenómeno o realidad está adscrito a uno sólo de los valores, campos y capitales descritos; (ii) porque unos emplean a otros como materia prima significante: concretamente el de cambio-económico el de uso, el de signo-cognitivo el de ambos; (iii) porque el valor socio-relacional se compone y genera sobre los valores precedentes. El resultado al final es la presencia de una matriz o espacio de valores que supongo irreductibles entre sí aunque se hayan utilizado mutuamente como partes significantes o de significado. Varias lógicas actuando simultáneamente, varios procesos, varios proyectos, varios resultados sobre una misma parte significante que "complejiza" evidentemente las cosas pero introduce la riqueza de los contenidos que componen la variedad social.

3.2. El Campo de los Valores alternativos o de los Capitales no establecidos o no apropiados o inexistentes. Los principios de incertidumbre

Los Valores alternativos establecen, por efecto de (o en vistas a) la interacción, una distancia, negación o ruptura con los valores descritos, entrando por ahí los resquicios posibles al cambio social. Se trata de valores sociales pues se generan en o para la interacción. En realidad se constituyen como contravalor a los precedentes. Contrariamente a los valores, campos y capitales que denominaba reproductivos, para dar a entender su incapacidad para generar nuevas entidades sociales que no fuera ‘lo ya visto’, los Valores y Campos alternativos entran en el ámbito lo productivo con lo que conlleva de ofrecer y engendrar rupturas en la estabilidad, orden, estructuras, lógicas, prácticas, identidades... preexistentes. Los elementos subyacentes a la dinámica de este campo han sido ya insinuados. Estos Valores y Campos alternativos se inscriben en las orientaciones de sentido más que en las significantes y en la capacidad que los actores y grupos sociales tienen, i) de ejercer un pensamiento crítico, autónomo y colectivo a partir de la distancia, reflexión y negación de los valores sociales existentes e inscritos en la realidad de las cosas como las rocas, ii) de imaginar y generar utopías y de revivir, para proyectarlas en el futuro, experiencias de vida benéficas, de plenitud humana satisfactoria no alienadas de la biografía socio-personal, y iii) de producir y presentar nuevos modelos y alternativas como formas de con-vivencia sociales posibles. Estos Valores y Campos se inscriben en los grandes principios genéricos alternativos de consciencia e información, creatividad, libertad y autonomía y solidaridad.

Puesto que los Valores y Campos alternativos se imaginan no estructurados en el sentido de desposeídos de poder, dominación y apropiación no hablo, con relación a ellos, de Capital, ya que supondría orden, jerarquía y apropiación. Por ello son solamente concebibles como situaciones de interacción social mantenidas en inestabilidad, desapropiación, indeterminación y quizás de incertidumbre. En este sentido este Valor y Campo se opone al equilibrio estable de mínima entropía social todo sistema rígidamente ordenado, incluso para los sistemas abiertos como son los sociales. El equilibrio estable supone estructuración, orden, jerarquía, apropiación y poder y, con ello, sus valores, campos y capitales correspondientes se ajustan, ordenan y organizan en la estructura social. Este proceso de estabilidad se hace bajo la apropiación de alguno(s) de los agentes o sujetos sociales de los bienes que se generan en toda interacción social imponiendo de esta manera sus propiedades e identidades al resto de los sujetos sociales. Para que se dé este Valor alternativo es necesario que el resultado de la interacción sea inestable. Por el contrario, saturar la interacción, estabilizarla significa reproducir los órdenes existentes. El valor alternativo en tanto que valor productivo significa invertir los contenidos de los hábitos cognitivos, éticos y de apropiación de los sujetos sociales hacia el desvelamiento de lo naturalizado cognitivamente, hacia un equilibrio ético entre medios y fines y hacia la desapropiación, solidaridad y altruismo.

A este valor no se puede atribuir un Capital correspondiente que sería, como el resto, de apropiación y que siempre supone dominación, pues parte de su identidad consiste precisamente en la negación de la dominación que producen y suponen el resto de los Capitales.

Bibliografía

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Bajoit, G. (1992). Pour une sociologie relationnelle. París: PUF.

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Baudrillard, J. (1972). Pour une critique de l’économie poltique du Signe. París:Gallimard

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Turner, J.H. (1988). A Theory of Social Interaction. Stanford: Stanford University Press.



[1] Enviar correspondencia a: carlos.lozares@uab.es

[2] Por ejemplo el campo artístico, el campo religioso o el campo económico obedecen a lógicas distintas: el campo económico ha emergido históricamente en tanto que universo en el que, como se dice, "los negocios son los negocios" y donde las relaciones encadenadas de parentesco, de amistad y de amor están excluidas; el campo artístico, al contrario, está constituido en y por el rechazo o la inversión de la ley del provecho material.

[3] Por ejemplo, el campo intelectual es un sistema de relaciones que se establecen entre los agentes del sistema de producción intelectual: el conjunto de instituciones, casas de ediciones, academias, etc., que forman parte de este sistema peor que participan en la concurrencia/ competencia por la legitimidad cultural con (o contra) otros agentes, por ejemplo los intelectuales.

[4] Para Bourdieu el campo es comparable al juego aunque con diferencias notables: el campo no es necesariamente el producto de una creación deliberada; y puede obedecer, o mejor seguir reglas, que no estén explicitadas o codificadas. Pero tiene similitudes considerables con él: (i) ambos, campo y juego, implican una ganancia, aquello por lo que se apuesta o está en juego, que es esencialmente el producto de la competición, quizás de la colaboración, entre jugadores; (ii) los jugadores están captados por el juego y se implican en él por el valor que se obtiene en su ganancia. Los jugadores aceptan que el juego merece la pena jugarse. Como en el juego el valor de las cartas y jugadas es variable según el juego también varía la jerarquía de las diferentes especies de capital: económico, cultural, social, simbólico en los diferentes campos. La imagen del campo de juego es una buena analogía de lo que definiré como interacción (Bourdieu, 1992).

[5] Las instituciones totalitarias, asilos, prisiones, campos de concentración o dictaduras suponen el fin a la historia. De ahí la ambivalencia del Valor y Campo, entre reproducción y producción, entre hecho y emergencia, entre estabilidad e inestabilidad, entre orden y desagregación, entre equilibrio y transformación; de ahí la visión unívoca de la idea de Capital: pertenece sólo al espacio social de lo domesticado y apropiado.

[6] Baudrillard J., (1966, 1972, 1976).